Jacinto el tullido estuvo alejado de su pueblo por más de veinte años y escapando de la justicia por matar en legítima defensa. Un día, Jacinto recibe una carta de don Nabor, quien es la persona que le cuida su rancho.
En un pueblo, asesinan a los hermanos de un cura y el padre de este, un hombre ya muy grande, le dice a su hijo que está obligado a vengar la muerte de sus hermanos. Como su religión no le permite tomar venganza, contrata a unos asesinos.